Cambiar o morir

El primero de julio destapó una serie de situaciones que hoy han involucrado al partido en una de las crisis más profundas en sus casi 80 años de existencia.

El primero de julio podrá quedar grabado como uno de los días más caóticos para el PAN, la derrota sufrida superó el escenario más pesimista a pesar de haber obtenido el digno segundo lugar en la tabla, y como toda derrota, destapó una serie de situaciones que hoy han involucrado al partido en una de las crisis más profundas en sus casi 80 años de existencia.

 

Ciertamente las crisis traen consigo oportunidades pero esta oportunidad es especial. Se trata de comprender que hay una tendencia clara de que en cada elección presidencial se han perdido votantes mientras que otras opciones políticas emergentes capitalizan a nuestros decepcionados simpatizantes. Al ritmo al que hemos perdido votos es probable que en la próxima elección presidencial nos sumemos al grupo de partidos marginales, un proceso que ya han sufrido otros partidos de corte demócrata-cristianos en el mundo durante décadas anteriores y que en México traería consigo el debilitamiento de la única fuerza política cuyo origen fue contrario al sistema político creado por el PRI.

 

Las amenazas para la patria son muchas y están a la vista, en esta etapa post electoral, el candidato ganador ha demostrado su espíritu totalitario, su voluntad para aparecer en las boletas electorales bajo la figura de la revocación de mandato, sus mayorías legislativas, sus virreyes plenipotenciarios en los estados, entre otras determinaciones que imponen a la oposición grandes retos por vencer.

 

Pero el PAN tiene sus propios retos internos, los liderazgos del partido han demostrado estar pasmados frente a lo que está pasando en el país, su atención se concentra en la renovación de la dirigencia nacional y las dirigencias estatales durante este semestre, los perfiles, los amarres, las contraprestaciones son el pan de cada día en toda mesa panista durante las últimas semanas. Y en el horizonte no se ve con claridad cómo, con quién y cuándo saldremos del trauma que nos ha causado el llamado “tsunami” electoral de MORENA, pero peor aún, no se avizora que en el corto plazo el partido renuncia al feudalismo político que en los últimos años ha operado anteponiendo los intereses locales al interés nacional, ni que pronto atendamos los graves casos de corrupción en dirigentes y gobernantes.

 

Si el partido del cambio no cambia poca esperanza tiene la democracia mexicana, el PRI rápidamente se adaptará a las nuevas reglas del mismo sistema que él mismo creó y la sociedad requerirá nuevamente de una opción moderada que ofrezca una alternativa para quien perciba que el gobierno no ha cumplido las altísimas expectativas planteadas. Ese partido debe ser el PAN y ese objetivo deberá de ser mucho más importante que cualquier dirigente, cualquier cuota y cualquier ambición personal.